Y entonces llegó el momento de saber qué pasaría.
Pasó entonces.
Aunado a un lado del horizonte a espera del rayo de energía oscura que emana del universo.
-No puedo.
Susurró de nuevo.
-No puedo.
Se dejó entrever las dos cornisas del alma que sólo aparecen cuando nadie las espera.
Se heló el tiempo, cambió el clima, se rompió el ser y nada nunca volvió a ser lo mismo.
-Creo en un mañana.
Respondió con un "no hay mañana porque es ayer".
Lloró por 2 segundos, gritó al espacio. Nadie respondió y ella estaba ahí, observando cómo ocurrían las cosas, soltando sonrisas tristes que demacran todo, todo lo que toca.
Otoño.