Bajaba, y seguía bajando...
La mirada en los infiernos, empuñando un vacío seco entre las manos, vestiduras de arrogancia y un cansancio entre los sonidos.
El rencor la abrazaba, mientras articulaba movimiento, su mente sostenía la nada, su frente era polvo, mentiras entre su cuerpo, miedos más allá de su imaginación, el frío congelante entre sus pies... El sinsabor de estar vivo.